Rensenbrink probó el corazón de los argentinos.

El fin de semana anterior falleció a la edad de 72 años, Robbie Rensenbrink, poseedor de una zurda privilegiada, académica y con post grado. Junto a Johan Cruyff llevó el peso de la ofensiva y generación de fútbol de la naranja mecánica.

Rensenbrink fue el anotador del gol número mil de los mundiales, este hecho ocurrió en Argentina 78, en la victoria de Holanda sobre Escocia 3 goles por 2. Su nombre también quedó grabado por fallar el gol del título mundial cuando se jugaba el último minuto y estrelló el balón en el poste en la final ante Argentina.

El delantero es recordado en ambos países donde los argentinos hasta poemas escribieron sobre esa inolvidable jugada. Aquello era una olla de presión, serpentinas, papel picado, gritos que se desbordaban por todo Buenos Aires.

Había angustia, el empate a uno que despiadadamente marcaba el reloj electrónico del estadio, la constante llegada de los holandeses al marco de Fillol, y lo peor,  física y atléticamente se veían mejor los tulipanes. Se terminaba el juego, el árbitro consultaba el cronómetro, Rensenbrink rematando con maestría y el guardameta vencido.

La pelota avanzaba implacable dispuesta a cruzar la línea de meta y a destrozar todas las ilusiones de los suramericanos. Esto escribió el periodista Leandro Martín: Tus fabricantes te bautizaron como tango en honor al mundial Argentina 78, no “podés” hacernos esto, vos “sos” tango como yo, como este pueblo. 28 millones de corazones paralizados. En el Monumental 120 mil almas estupefactas veían lo inevitable. No sé quien lo puso ahí. No me pregunten. Pero ahí estaba. Poste bendito, maravilloso poste contra el que fue a dar la “tango” mansa, coqueta, como mujer querendona que nos decía: Solo a vos de voy a ser fiel pueblo argentino, no desesperes que ahora en la prórroga te demostraré mi amor tanguero. Y llegó el delirio, del casi infarto de la decepción nunca concretada, a la gloria de Kempes y Bertoni con dos goles que jamás se borrarán de la mente. Papeles, toneladas de papeles, cohetes lágrimas, ríos de lágrimas y los cánticos que se desbordaron por todo el país.

Un grito contenido durante 50 años. Rensenbrink jugó 48 partidos internacionales con la célebre naranja mecánica y se convirtió en leyenda con el Anderlecht de Bélgica.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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