Presión y malestar liguista.

Como periodista y comentarista recibimos una inmensa cantidad de quejas de los parciales del fútbol. Algunas bien fundadas y con recato, otras histéricas y reaccionarias que exigen nuevos rumbos.

Es el caso de los seguidores de la Liga Deportiva Alajuelense, que se manifiestan con un disgusto agudo e intolerante. No sólo reclaman un título desde hace trece campeonatos, sino que, de inicio ya se muestran apenados por lo que califican cómo un nuevo descalabro deportivo y no digieren la derrota con los guadalupanos.

El reclamo hacia un técnico que dirige como en estado lunático y bastante descontrolado, que viste como le venga en gana sin identificarse con la divisa rojinegra, y que ahora se volvió vendedor de humo en las conferencias de prensa donde se manifiesta lleno de contradicciones.

Acusan de alta responsabilidad a la dirigencia por sostenerlo a toda fuerza, como quien dice aquí los que mandamos somo nosotros y lo que piense el fanático nos vale un comino, aunque sumemos otro descalabro.

Si hay algo que reconocer a la junta directiva es la cantidad y calidad de producto que han puesto en las manos al técnico argentino. Los anuncios rimbombantes para esta temporada llenaron de expectativa y credibilidad a la afición manuda que esperaba con ansias ver sus sonadas contrataciones y su renovado equipo ante el aplicado Guadalupe FC, al que le sobraría dinero para pagar toda la planilla con lo que ganan Álvaro Saborío y Bryan Ruiz. Dos jugadores que claramente aportan en el campo, pero también deben dar lineamientos en base a su larga experiencia y trayectoria, sin que esto sea un irrespeto para un cuerpo técnico que necesita ser alimentado con asesoramiento de los que conocen y saben que se está haciendo bien y que no.

Algunos van más allá y son tajantes que no se debe retrasar la decisión de removerlo del cargo. Da pena escuchar algunos fanáticos de Alajuelense decir que ojalá pierdan contra Herediano el próximo juego, para ver si por fin llega el cambio en el banco liguista.

Es claro que la mayoría piensa que el problema es Andrés Carevic por no tener un rumbo claro del manejo táctico y estratégico del equipo. Las inestables formaciones, lo predecible de sus planteamientos. A veces termina con la alineación con la que debió comenzar y en otras, al contrario.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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