Pérdida de tiempo, un mal endémico.

Por segunda vez en una semana hemos escuchado a Hernán Medford pedir mayor fluidez y menor pérdida de tiempo intencional.

Nos parece muy bien. No hay equipo en el mundo que no haya perdido tiempo para cerrar una victoria, incluyendo los de Hernán.

¿Como lo hicieron? Ahí está el detalle. Se tiene que sancionar si ocurrió de forma antideportiva. Todo esto va más allá de la discusión sobre la pérdida de tiempo, es evidente que son las formas las que se ponen en tela de juicio.

Todo aquello que vaya contra de la esencia del fútbol debe ser sancionado por quien tiene la sartén por el mango: el árbitro.

Es cierto, es una opción del futbolista sacar ventaja de buenas maneras de lo que permite el reglamento y que favorezca a su equipo. Eso sí, el árbitro debe tener discernimiento y sentido común para interpretar la “matráfula” y tomar la mejor decisión.

El fútbol a diferencia de otros deportes se juega a tiempo corrido, salvo en situaciones temporales del juego, en eso el árbitro tiene la potestad para considerar el tiempo agregado en cada una de las partes y entienda que el juego ha estado detenido por diferentes causas. Como esa milagrosa camilla o un spray mágico que los pone de pie en un santiamén.

Le solicité a un árbitro amigo, que me explicara qué situaciones pueden ser consideradas como pérdida de tiempo. (Simular una lesión, lanzar un tiro libre desde un lugar erróneo con la deliberada intención de obligar a una repetición. Simular la intención de realizar un saque de banda y luego dejar el balón a un compañero para que él lo efectúe. Patear el balón lejos o llevárselo con las manos después que el árbitro detiene el juego. Retardar en exceso un saque de banda o tiro libre. Retardar la salida durante una sustitución o festejar en exceso la celebración de un gol).

Son muchas las maneras para sorprender al soplapitos. Claro, es importante destacar que no toda “pérdida de tiempo” es intencional, puede que el juego sea detenido por una situación necesaria. Eso sí, el árbitro debe considerar la reposición de tiempo, el problema viene por la decisión del árbitro y no tanto del reglamento que si lo regula.

Medford también pide que los árbitros pongan oídos sordos a los reclamos que vienen del banco y seguir pitando. Claro, todo tiene sus límites.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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