No se vale silbar.

Desde tiempos inmemorables, el aficionado o fanático al fútbol ha ido a descargar toda su pasión a los estadios y la inconformidad que les deshace el ánimo.

El reclamo es parte ineludible aquí y en el resto del planeta, siempre ha sido así. No debe parecer mal, ni novedoso, menos rasgarse las vestiduras porque así sean las cosas.

Ya en reiteradas ocasiones escuchamos a alguna gente del fútbol pedir a los aficionados que si no llegan a apoyar que no vengan al estadio.

“Estos aficionados no nos interesan que estén en el Herediano […] Ahora es muy fácil criticar, pero también muy fácil celebrar en noviembre y diciembre”, ha manifestado Jafeth Soto.

Es lo más normal, es lo corriente y habitual. La queja, la silbatina el abucheo. No lo va a parar nadie.

El domingo en el estadio Rafael Bolaños, el seguidor morado se cansó del “tiki taka” y del marcador cero por cero y comenzó a indisponerse con el equipo y el nuevo sistema de juego saprisista. Esa reacción tuvo eco en Walter Centeno quien dijo. “Qué silben todo lo que quieran, se tienen que dar cuenta que la afición no juega” Esa fue la respuesta del técnico ante la indisposición de sus seguidores por el exceso de toque y nada de goles.

Silbar al “rey” no es libertad de expresión, es una grosería, pareciera ir implícito en su respuesta. Deberá acostumbrarse y dejar de estarlo viendo como una traición. El abucheo es una reacción natural que desahoga los tensos pasajes de un juego.

Hace pocas semanas recién llegado el colombiano Hernán Torres al banquillo alajuelense, y ante el resultado negativo de los manudos, algunos la emprendieron contra el técnico que se vio muy mal respondiendo con graves epítetos a sus parciales.

Quienes están al frente de estos equipos con mayoría de fanáticos, deberían reflexionar detenidamente del amor y la pasión que sienten hacia sus respectivos equipos. Eso sí, siempre habrá que hacer la diferencia entre la queja y lo grotesco, entre el desaire y lo estrafalario.

El fútbol en todo caso ha servido para que los aficionados se manifiesten contra el equipo que idolatran, o para señalar a los administrativos y técnicos de algunas decisiones equivocadas que perjudican al club.

Reclamar es un derecho del que disponen todos los consumidores por el simple hecho de serlo. Y punto.     

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.