Los clásicos no se juegan, ¡se ganan!

Los clásicos no se juegan, ¡se ganan!

Para el fanático los clásicos se juegan y se tienen que ganar demostrando el momento que se vive, es un juego aparte. El aficionado se muestra ansioso esperando el pitazo inicial. El sábado fue en la “Catedral del futbol” un estadio que se pintó de rojo y negro.

La liga llegó como líder invicto y Saprissa con alguna incertidumbre, con presión a su técnico y con 4 puntos de diferencia. Sin embargo, clásico es clásico, sin importar la tabla, o como se llegue, los manudos querían sepultar a su rival en su propio patio, pero ocurrió lo contrario.

Este partido se sale a ganarlo, no sólo a jugarlo. Estos clásicos son así, no importa quien venga mejor. Ambos equipos llegaron con presentes distintos, pero, con la motivación de que estos juegos son especiales.

El Deportivo Saprissa le ha asestado un golpe muy fuerte, a un equipo que venía en claro y notable crecimiento, pero tenía que demostrarlo. Fue como una cachetada y un despertar para los rojinegros.

“Paté” Centeno terminó por encender el juego, cuando señaló previo al partido, que ambos equipos eran favoritos. Y una segunda frase que a algunos no gustó, cuando dijo; hace meses Alajuela y Saprissa no llegan tan parejos a un Clásico.

Los fanáticos también se preguntaban cuál era el equipo obligado a ganar, era obvio que por diferentes razones ambos equipos tenían el deber de ganar porque no era un partido cualquiera. Era un encuentro para golpear la mesa y ganar crédito. Defender el liderato, alejarse siete puntos de Saprissa o regresar a las dudas y fantasmas.

Los morados no fueron un equipo calculador, arriesgó y durante largos tramos fue mejor que la liga. La juventud de Saprissa estuvo a la altura y nunca rehuyeron a la fuerte defensa alajuelense, actuaron con desparpajo y convicción.

La fanaticada liguista dejó hasta el último aire con sus gritos de aliento y acompañamiento. Aquí no hay excusas, no hay juventud y vejez, no hay estadísticas. Nada, sólo ganar, con todo y por todo.

En el Clásico se juega mucho, la burla del mes, prestigio, dignidad.

¿Qué le queda al derrotado? La lección y las ganas del desquite. Hoy en la mayoría de los casos la camiseta rojinegra esta guardada, mientras la morada se pasea por las calles, el trabajo, y donde se pueda lucir, o encontrar un rival.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

Comentarios de Facebook

administrator

Artículos Relacionados

Agregar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com