Herediano logra develar el misterio.

Herediano logra develar el misterio.

¿Quién se coronará campeón? Era la pregunta que afloraba cada vez que los parciales de ambos equipos nos consultaban.

La única respuesta era, eso es un misterio, un juego donde llegan dos equipos por méritos propios. Cada partido es un mundo diferente, aunque los florenses lo habían repetido tres veces.

Para el último juego de la gran final volaron los tiquetes del Morera Soto en sólo 15 horas, 8 días antes la “Catedral” del Llano llenaba con 17.000 personas la final femenil Codea Alajuela y Deportivo Saprissa.

La afición estaba ansiosa, se cerraba el Centenario y nadie pudo, ni supo bajar los decibeles, el contagio de locura era colectivo y al tope. Los dos equipos merecían ser campeones, pero sólo uno iba a celebrar. Balones en los postes, intervenciones de Esteban Alvarado, los florenses aguantaban la artillería rojinegra.

Sin embargo, la Liga aprovechó un par de grietas entre líneas, primero Bernald Alfaro y luego Jonathan Moya incendiaron de júbilo y cánticos el estadio.

Giacone, refrescó con dos relevos de ataque, llegaron al campo Yendrick Ruiz y Nextalí Rodríguez; Herediano arriesgó todo y vino lo inesperado para los alajuelenses. Un saque de esquina, una mala salida de Pineda y un descuido de la defensa dejaron solo a Yendrick Ruiz. Ahí Heredia encontró algo más que el condimento ofensivo para poner todo igual y llevarlo a los 30 suplementarios.

Los manudos tenían el trofeo en sus manos y lo dejaron caer, o se los arrebató Herediano. La liga no supo rematar el partido cuando era de ellos, mientras el “Team” ganaba en lo anímico y psicológico y forzó a los 120 minutos.

Saltó el temperamento, el juego no se daba ni para tomar agua, sin respiro, sin ofrecer espacios. Herediano bien aplomado sin soltar las riendas en el epilogo, era un todo o nada. Los rojiamarillos enseñaron su colmillo, hombría y kilometraje.

El grupo estaba convencido de eso y tuvieron el control en el cierre hasta que llegó la lotería de los penales donde demostraron haberlos entrenado, además Esteban Alvarado se vistió de protagonista.

Por un lado, llegó la frustración, por el otro, los campeones por su actitud y perseverancia. Las lágrimas de muchos lo dicen todo, y sólo se secan con el sudor de un festejo que se guardará por siempre.  ¡SALUD CAMPEONES!

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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