Gracias fútbol por tantas emociones.

Emoción, aplausos, gritos, tristeza, festejo. Todo esto y más nos dejó la final de la tercera fase del campeonato.

Un juego digno de verse en cualquier estadio, y en cualquier sector del mundo. Si alguien piensa que nuestro torneo es malo, debió experimentar el juego de Alajuelense y Herediano.

Jugadas emocionantes, un partido dinámico, de toma y daca en el que los jugadores querían dejar la piel y algo más en la cancha.

Un juego capaz de levantar al público de los asientos y despertar reiteradas ovaciones de los asistentes.

Gracias a los jugadores por sacar todo el carácter y por entregar un soberbio espectáculo. Un partido que tuvo todos los ingredientes metidos en una coctelera: Intensidad, goles, grandes jugadas individuales, algunas merecedoras de ver una y otra vez.

El empate a tres fue justo, con sus virtudes y sus errores. Hay que hacer una mención al arbitraje, matrícula de honor para Christian Rodríguez, se la ganó por pitar lo que otros no hacen, por su sobriedad y equilibrio emocional.

Ambos equipos triunfaron al ofrecernos un partido vibrante y cargado de adrenalina. 120 minutos sin respiro que nos llenó de suspenso y nos llevó al paredón o la silla eléctrica de los penales.

El desgaste físico, la desconcentración y la virtud de Leonel Moreira acabaron con los rojinegros, la mejor preparación y madurez se conjugaron para que los florenses dieran el zarpazo y quedaran sembrados en la final. Ahí donde hay que tener corazón caliente y cabeza fría, fue donde Herediano se dejó la clasificación a la final.

Los manudos sumaron más intentos ofensivos en algunos tramos del partido, pero la respuesta florense no se hizo esperar y estuvieron cerca de clasificar sin tiempos extras y sin penales. Fue un partido clásico entre dos rivales que usan mucho la fuerza y lo físico, un juego que contó con muchos encontronazos, sin embargo, fueron manejados por el árbitro de manera inteligente y oportuna para controlar los momentos en que el juego se salía de control.

Además, Christian Rodríguez hizo posible que ambos equipos terminaran con once jugadores.

Capítulo aparte los aficionados que le dieron un marco espectacular y esplendoroso. La mayoría rojinegra, que abandonó con gran amargura por su inesperada descalificación.

Ahora a esperar más de la final.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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