Encrucijada brumosa.

¡Qué gran esfuerzo deportivo está realizando el Cartaginés!. Su ascenso en esta segunda vuelta lo está llevando a soñar nuevamente con la clasificación a semifinales, no lo logra hace 7 torneos.

Cuando todo parece ir “viento en popa” y a toda vela, aparecen situaciones que sólo a este equipo le ocurren. El momento que vive su goleador Marcel Hernández en la cancha y en los tribunales. La salida de Paulo César Wanchope que le abrió las puertas a su asistente Martín Arriola con buen suceso hasta ahora, pero se adelanta que el uruguayo podría ser asistente del nuevo técnico de la Tricolor Gustavo Matosas. Lo que es igual, si eso es así, para el próximo torneo tendrían que contratar otro entrenador.

Ahora le salió otro hijo, las denuncias de Andy Herron de los dos años de vencimiento de la personería jurídica del club, lo que en la práctica si se respetara, el club brumoso debería estar en la división de ascenso.

Sin embargo, más que un problema del Cartaginés es culpa de la Federación y el Comité de Licencias que han alcahueteado esta anomalía y le han dado luz verde para continuar. Si a eso le agregamos lo que ocurrió en la asamblea para cambiarle el destino al club y la venta de la institución calificado como un fiasco, ya que se hablaba de no menos de tres a cuatro oferentes, pero sólo uno presentó interés en la compra.

Quienes conocen la realidad económica de los brumosos y que pretendan buscar dividendos jamás invertirían en el club. Las deudas con la CCSS y FODESAF le impiden tener la personería jurídica al día. Pero además deben cancelar $200 mil de intereses del fideicomiso en diciembre y $2 millones en el 2019. El equipo le debe dineros hasta a la Asociación de Empleados de EPA.

Todas estas sumas y otras son apenas para tener la operación al día. El Cartaginés arrastra por mes un déficit de 20 millones de colones de su operación administrativa. Ha gastado por adelantado el dinero de varios meses que les paga la televisora oficial,  lo que lejos de disminuir la deuda y sus compromisos, lo convierte en una bola de nieve que no tiene reversa, aunque haya algunos que quieran apegarse a la dirigencia más fuerte que la hiedra.

¿Se merece esta enorme institución y esta leal, noble y única afición vivir estos momentos? No, rotundamente, no.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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