En los clásicos nada está escrito, hay que escribirlo.

El pasado sábado se disputó el Clásico #327 de la historia. Previo al compromiso, Walter Centeno, aseguró que los morados llegaban más presionados y que los tres puntos eran urgentes. Por su parte, Carevic, se ocupaba en “rearmar el equipo para recuperar su esencia”.

Los discursos de los técnicos fueron respetuosos, mesurados, si se quiere conservadores. Destacaron sus fortalezas, pero no olvidaron que su archirrival también tiene virtudes, pero más allá de la “miel”, la fórmula que preparaban se fundamentaba en el trabajo y la mentalidad.

Los saprissistas no estaban conformes con su posición en la tabla, pero tenían la convicción de que podían ganar, ya que por fin habían unido cerca de 15 días de trabajo continuo luego de una seguidilla de “juegos atropellados” como consecuencia de la pandemia, mientras que los manudos debían reponerse de dos resultados previos que sembraron dudas sobre su rendimiento, pero sobre todo de suplir tres bajas sensibles por sanción.

Es claro que los equipos no pueden elegir los momentos ni los partidos durante la competición, llegar mejor o peor es relativo, porque en los Clásicos normalmente sucede lo impredecible.

En la modernidad este partido se juega desde muchos escenarios: en las redes sociales, en los programas de radio y televisión, en los chats de amigos, pero el Clásico que vale es el que se juega en la cancha.

Nos parece que Saprissa y Alajuelense ofrecieron un espectáculo muy agradable. Hubo intensidad, velocidad, goles, polémica y al final un resultado de 2 x 3 que terminó siendo justo.

En los Clásicos nada está escrito, hay que escribirlo. En esta edición, además del golazo de Michael Barrantes para el Saprissa y de las intervenciones providenciales del portero manudo Leonel Moreira, destacamos el rendimiento de cinco jugadores Sub 20 que tuvo que utilizar Alajuelense por la coyuntura que se le presentó para este compromiso.

Fernán Faerrón, Carlos Mora, Geancarlo Castro, Rashir Parkins y Brandon Aguilera, demostraron que en el futbol no hay cédula. Jugaron con personalidad y no se inmutaron en la “Cueva” ante jugadores de mucha jerarquía. Junto a Moreira, Machado, Moya y Saborío, montaron un verdadero show de experiencia y juventud.

Eso es muy refrescante para el fútbol.

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