El Protocolo no es un mero “protocolo”.

En medio de la pandemia que vivimos, la cual ha provocado estragos en todas las áreas de la vida y en todos los sectores de la economía, las autoridades sanitarias, apoyadas en la institucionalidad que hemos heredado, han hecho hasta el momento un manejo ejemplar de esta crisis y, pese al cansancio por los confinamientos y al deterioro evidente en las finanzas personales, familiares y empresariales, seguimos con esperanza.

Hace algunas semanas, el Ministro de Salud, dio luz verde para la reanudación de algunas actividades dentro de las cuales estaban los deportes colectivos de contacto, eso sí con protocolos sanitarios aprobados.

La Fedefútbol, Unafut, LIASCE, bajo el mando rector del Ministerio del Deporte, hicieron esfuerzos importantes por elaborar un protocolo que hiciera posible, viable y sostenible la reanudación del Torneo Nacional y con ello la posibilidad de que los jugadores y demás actores de este deporte, así como sus respectivas familias, pudieran tener el sustento diario y no sólo eso, sino también procurar la sobrevivencia de la Industria del fútbol en el país.

Sabemos que los protocolos no curan ni son infalibles, pero son medidas explícitas que han elaborado profesionales en la materia, con la intención de que las actividades físicas, verbales y mentales se realicen bajo ciertos parámetros estandarizados y que con ello se mitigue el riesgo de contagio del virus.

Es claro que, con los protocolos, el riesgo no desaparece, sino que se minimiza y eso aplica no sólo para el fútbol sino para cualquier otra actividad individual o colectiva avalada. Debemos hacer de los protocolos un estilo de vida que ayude a generar confianza, no sólo en el deporte sino también en el trabajo, en la familia, en los templos y hasta en los sitios de entretenimiento.

Por eso, hemos visto de muy mal gusto, la celebración del tercer gol del equipo de Limón FC en el juego ante La U, y más aún los comentarios que publicó en redes sociales un jugador de ese equipo, jactándose de romper el protocolo y luego disculpándose, justificando emocionalmente el mal proceder. Se recibe la disculpa, pero la reacción inicial en censurable y poco solidaria. De hecho ya el asunto está en manos del Tribunal Disciplinario y serán ellos quienes definan si existen elementos para aplicar alguna sanción.

La ignorancia y las emociones no son buenas consejeras cuando se trata de responsabilidad. Recordemos que en esta pandemia no se trata de la supervivencia del mejor, del más fuerte o del más apto, sino de la protección de los más vulnerables.

En medio de esta pandemia, seguir las reglas no es una opción sino un acto de amor y generosidad; si es que se valora la vida y el trabajo.

“Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos”. Alejandro Magno.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

Artículos Relacionados