Acoso y vulnerabilidad en el deporte.

En los últimos días, se ha puesto nuevamente en la palestra un tema doloroso y delicado que merece la atención y la opinión responsable.

Algunos testimonios que han aparecido en medios de prensa, sugieren que los macabros delitos de pedofilia, la agresión, abuso de poder y acoso sexual podrían estar presentes en nuestro deporte. De hecho, el reciente estudio del CON confirma que 7 de cada 20 atletas de alto rendimiento sufrieron acoso sexual.

Estos delitos no tienen frontera ni preferencia, se dan en cualquier deporte, en cualquier nivel y no son exclusivos de un género o etnia; tampoco tiene que ver con la vestimenta deportiva. Es una peste que materializa los más siniestros pensamientos y desviaciones de entrenadores, dirigentes, terceros y hasta miembros de un mismo equipo, en el caso de deportes colectivos.

Muchas veces se saca provecho de la vulnerabilidad de la persona, los viajes lejos del entorno familiar, la estrecha convivencia en concentraciones, las necesidades económicas y hasta se condicionan convocatorias a competiciones para ceder a los más bajos instintos. No hay excepción ni razones para pensar que un deporte en particular esté exento de esta problemática.

Hemos leído con preocupación en la prensa nacional algunos testimonios de futbolistas de equipos femeninos. No podemos asegurar nada y si bien es cierto hay que respetar en toda su extensión el principio de inocencia, también es cierto que cuando no hay institucionalidad para prevenir, denunciar y sancionar el acoso y abuso, es muy probable que esos casos existan y más aún que se encuentren “normalizados” incluso por las eventuales víctimas.

Nos parece muy atinado el pronunciamiento de la Uniffut en donde confirman que trabajan en acciones y protocolos que permitan lineamientos claros para proteger a las jugadoras de fútbol del acoso y hostigamiento sexual. Eso debe hacerse en todos los deportes, con acciones conjuntas entre el Estado, el ICODER, las federaciones, ONG’s y la acción diligente y valiente de los atletas y sus familias.

Seamos responsables y proactivos. El acoso y el abuso sexual son una realidad en la sociedad completa y el mayor pecado es no hacer nada para empezar a revertir esta cultura que nos violenta y nos desplaza.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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